Antes de comenzar con el tema que quería tratar quiero hacer una pequeña crítica al desarrollo de las clases, tanto de habilidades sociales como las de dificultades de aprendizaje.
Creo que el trabajo en grupo es muy constructivo, ya que a través del mismo vamos construyendo un tipo de conocimiento que, o bien nos sirve de recordatorio, o nos sirve para adquirir conocimientos por parte de nuestr@s compañer@s que pueden ser muy buenos.
Lo que veo mal en esta forma de trabajo es la longitud o numero de integrantes del grupo, normalmente los grupos son bastantes amplios y con pocos medios para trabajar, me explico, los grupos son amplios, y normalmente sólo tenemos una copia o dos de la actividad que tenemos que desarrollar, eso hace que no se trabaje como es debido, ya que, normalmente se encargan de resolver el caso dos o tres personas y las demás no se enteran, o que ese grupo se divida a su vez en dos y que cada parte se ocupe de una parte del caso sin enterarnos de la otra parte.
Esto último puede ser debido a que queremos contestar a todo y que todo este terminado a la hora de exponer y no nos preocupe tanto el aprender, qué difícil es decir que no lo hemos terminado o que hay algo que no sabemos como contestar.
Ahora si que ya comienzo con mi reflexión, je je je, el otro día cayó en mis manos unos textos muy interesantes sobre las habilidades sociales y el conflicto en el aula, tema que no se si trataremos en clase y por lo tanto me adelanto al temario, o ni siquiera se ha pensado en tratarlo en esta asignatura.
Para comenzar empezaré definiendo que son las habilidades sociales según estos autores. Para ellos las habilidades sociales son aquellas que nos ayudan, no sólo en nuestras relaciones con los demás, sino también a estar mejor con nosotros mismos.
La sociedad demanda un determinado hombre/mujer del futuro capaz de tomar decisiones, trabajar en equipo, resolver conflictos, adecuarse a los cambios, controlar sus emociones, saber comunicar sus necesidades... Por ello es importante desarrollar las habilidades sociales que permitan desarrollar estas tareas satisfactoriamente. Los docentes no podemos olvidar la importancia de estos temas a desarrollar en el proceso de educación de los niños y adolescentes.
Las habilidades sociales tanto del profesorado como del alumnado ayudan a prevenir o desescalar los conflictos que se den en el aula o en un centro, ya que permiten una mejor comunicación de las necesidades de cada una de las partes, un mayor respeto y hallar soluciones a los conflictos evitando que éstos se enquisten y dañen las relaciones de convivencia entre profesor-profesor, profesor-alumno y alumno-alumno. Al profesorado le permiten manejar la clase con más confianza al disponer de más recursos para dirigirse al alumnado, y favorecer un clima de aula propicio al aprendizaje, menos centrado en controlar las conductas de tipo disruptivo que lo trastornan y le crean insatisfacción al enseñar.
Partiendo de esto, ¿para qué sirven las habilidades sociales y la resolución de problemas? ¿Reducirán el número de conflictos?
La escuela tiene que educar para la vida, esto supone facilitar a los alumnos los instrumentos necesarios para que éstos sean capaces de tener una buena autoestima, de tomar decisiones responsables, de relacionarse adecuadamente con los demás, de resolver los conflictos de forma positiva y más adecuada etc. Todo esto forma parte de las habilidades sociales.
El conocimiento de las habilidades para los profesores supone facilitar la labor docente y sacar un mayor provecho de nosotros, de nuestros alumnos, de la relación con los compañeros, es decir, involucra a todo el Centro escolar.
Las habilidades, además de mejorar el clima de clase, nos ayudan a relacionamos con los compañeros, que, junto a la resolución de problemas, crean un ambiente cooperativo que es efectivo para tomar acuerdos respecto a una clase, elaborar el Reglamento de Régimen Interno, organizar horarios, espacios, etc.
Estas habilidades se han aplicado individualmente, cuando un alumno no tenía un comportamiento adecuado o su nivel académico no respondía a su nivel intelectual, pero no sirven solamente para casos individuales. El objetivo de las habilidades, como afirman Trianes y Muñoz (1997), es centrarse en el grupo de clase, además de trabajar con el alumno individual, persiguiendo una formación más amplia en conducta, actitudes y valores.
La aplicación de las habilidades no se puede realizar de forma arbitraria, se debe adecuar a cada centro y a su alumnado. Se pueden trabajar en las asignaturas de lengua, ciencias sociales, idiomas, ética, alternativa a religión y sobre todo en tutoría.
Para desarrollar lo anteriormente descrito destacare las siguientes habilidades:
1. Escucha activa, que implica (Costa, 1991) «escuchar con comprensión y cuidado». Por medio de esta habilidad nos hacemos conscientes de lo que la otra persona está diciendo y de lo que está intentando comunicamos. A través de ella damos «información» a nuestro interlocutor de que estamos recibiendo lo que nos dice, mejorando nuestra comunicación verbal y no verbal.
2. Empatía, que es la capacidad de ponemos en el lugar del otro, intentando entender sus problemas, sentimientos, miedos, opiniones, rechazos... Apreciando que no todos percibimos de igual forma una determinada situación.
3. Asertividad, es la destreza que permite expresar sentimientos, pensamientos en primera persona, sin herir a los demás siendo respetuosos, evitando los juicios, las críticas que rompen la comunicación.
4. Autocontrol y autorreflexión que permite conocemos mejor y actuar de forma más adecuada a nuestros intereses, respetando a los que nos rodean.
5. Negociación que es (Cornelius y Faire, 1995) «llegar a un acuerdo equilibrado que las partes implicadas consideren justo y por lo tanto respetable». Se pretende ofrecer una visión de las confrontaciones que no se limiten a las salidas que habitualmente utilizamos ante un conflicto: ganar o perder, implica más tolerancia, solidaridad, escucha activa, asertividad. Es una destreza que permite en clase llegar a acuerdos acerca de normas, necesidades y dificultades de la clase, favoreciendo un clima positivo para el desarrollo del proceso enseñanza-aprendizaje.
6. Mediación que, como indica la misma palabra, es mediar en los conflictos sin tomar parte por ninguno de los implicados, ayudando a resolverlos, (Comelius y Faire, 1997). Cuando los adolescentes adquieren estos conocimientos, los pueden utilizar para resolver problemas con sus compañeros. Muchas escuelas han descubierto que el estado de ánimo mejora y que los problemas de disciplina disminuyen cuando se introducen programas de mediación. Al principio los profesores pueden actuar como coordinadores o mediadores hasta que los alumnos adquieran los conocimientos necesarios para aplicarlos entre ellos cuando surja algún problema.
7. Resolución de problemas. Todo problema crea un conflicto (Cortina, 1997) que es la contraposición de intereses en relación con un mismo asunto y las estrategias idóneas para su resolución. El conflicto puede generar angustia en las personas cuando no encuentran una solución que les satisfaga, y esto hace que bajen su rendimiento escolar o adopten una conducta inadecuada, por eso es necesario enseñarles a encontrar una respuesta adecuada a esta situación. La resolución de conflictos (Puig, 1997) tan sólo pretende evitar la aparición de respuestas claramente erróneas y, sobre todo, intenta transmitir algunos conocimientos y algunas pautas de conducta. Implica un dominio de las habilidades expuestas anteriormente para mejorar el ambiente del centro escolar.
No todos respondemos de la misma forma ante los conflictos: unos dan una respuesta agresiva, enfrentándose con la intención de vencer y anular a la otra parte en conflicto haciendo que el problema se agrande pudiendo desembocar en situaciones de violencia; otros actúan de forma pasiva, huyendo o ignorando el conflicto para de esta forma no tener que enfrentarse a ello, ya sea porque carecen de las habilidades suficientes o no saben cómo hacerlo creyendo que de este modo el problema desaparece. Estas dos formas de enfrentarse no son las más adecuadas para crear un clima positivo.
Si como educadores tenemos en cuenta y analizamos los conflictos que se puedan producir en la escuela, estaremos preparados para prevenir situaciones que generan tensión, poniendo los medios necesarios para evitarlo.
Se han planteado distintas metodologías y propuestas para la resolución de conflictos en la escuela, en general la técnica de esta habilidad consiste en (Fernández y Callejón, 1997):
• Definición del problema (algo que me molesta, me hace daño...), de forma clara y concreta.
• Buscar alternativas al problema, sin enjuiciar previamente estas «posibles soluciones». Intentar ser creativos.
• Analizar cada una de estas alternativas y evaluarlas, es decir, ver las ventajas e inconvenientes.
• Decidir cuál de estas alternativas es la que más conviene para este problema.
• Poner en práctica la elegida. Si esta resulta fallida, iniciar el proceso.
Puig (1997) plantea que es posible acercarse a la resolución de los conflictos a través de la cooperación y la negociación. Para él la negociación supone acuerdo, pero no colaboración. Se alcanza un comportamiento de colaboración cuando la resolución de conflictos se lleva a cabo de manera cooperativa, es decir, hay la intención de solventar el problema trabajando conjuntamente y esto nos conduce a la cooperación, nos lleva a una mayor participación del alumno y profesor y una enseñanza más creativa y significativa.
Martín (1997) propone diferentes actividades que se pueden aplicar en la resolución de conflictos:
— Individual: actividades de autoconocimiento.
— Pequeños grupos: ejercicios socioafectivos y trabajo cooperativo.
— Grupo clase: asambleas.
— Escuela: acuerdos compartidos sobre cuestiones de disciplina.
Para poner en práctica todo lo anteriormente mencionado hay que utilizar una metodología que dé cabida a actividades variadas. Los colectivos de trabajo en resolución de conflictos (APDH, 1994) nos proporcionan un sinfín de juegos y dinámicas de grupos. Su proyección dentro de las diferentes áreas necesita de adaptaciones al contexto aula, si bien podemos afirmar que hay cuatro grandes bloques posibles (Reyzabal, 1997):
Tipos de actividad | Procedimiento |
Promover cooperación | Teatro, periódico, murales, trabajo por proyectos, campeonatos deportivos, cuentos-poesía, coro, organización de fiestas, juegos cooperativos, etc. |
Ayudar a la comunicación | Debates, asambleas, dramatizaciones proyección de cine, talleres varios campañas publicitarias, círculos de calidad, reuniones de comités, etc. |
Favorecer la autoafirmación | Actividades grupales, actividades sobre destrezas personales, talleres de habilidades manuales, desarrollo de hobbies, trabajos en pequeños grupos, trabajos de asertividad y autoestima. |
Técnicas de resolución de conflictos | Juegos, dinámicas, sistemas de mediación, simulación de situaciones, búsqueda de alternativas, expresión de sentimientos, etc. |